Para confiar en los demás necesitás confiar primero en vos mismo.



Me han pedido que tenga más malicia… ¿Más malicia?

Pedirme que tenga más malicia es pedirme que deje de ser quien soy, que abandone mi naturaleza, que adopte el miedo, que abrace la desconfianza, que me relacione con otras personas pensando que pueden hacerme daño.

¿Qué tenga más malicia? ¿Porqué no tenés vos más buenicia?

Si no nos consideramos personas confiables es posible que veamos ahí afuera que la gente trata de aprovecharse y de perjudicarnos constantemente, pero necesitamos entender que eso sólo es una creencia, una idea de nuestra mente. Como es adentro es afuera. No podemos ver en los demás algo que no existe en nosotros.

Pueden haberme sucedido muchas cosas en mi vida, puedo haberme desilusionado, pueden haberme traicionado, engañado y defraudado pero mi alma sigue intacta.

La intención maliciosa sigue siendo de la otra persona, le pertenece y suficiente peso debe ser cargarla en la consciencia y vivir con ese temor cada vez que se muestra vulnerable o le cuenta sobre su vida a alguien.

¡No me pidás que cargue con el peso de cosas que no necesito y no necesitás!
Atrevámonos a sanarnos desde adentro, sin victimismo reconociendo que cada vez que decimos “me hizo” es solo el ego hablando. Nadie nos hace nada, la gente se comporta de cierta forma, pero de nosotros depende si nos apropiamos de eso o solo lo observamos como algo que le pertenece a alguien más.

¡Volvámonos personas confiables y confiemos en nosotros mismos!

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