Vivir de verdad
Es fácil vivir como en un vídeo juego, donde te golpean, te caes, avanzas, adquieres poderes, pierdes vidas, te matan y vuelves a empezar. Pero la vida no es un vídeo juego. No te puedes proteger detrás de una pantalla esperando el siguiente nivel, fantaseando con tener todo bajo control; completamente a salvo y seguro.
Y es que la vida se respira, se siente, se prueba, se experimenta, se vive... Te golpean y te duele en serio; necesitas pausas de más de dos segundos para recuperarte.
Así viví mi niñez y así considero que es una manera digna de vivir mi vida como adulta.
Las cicatrices de mis rodillas tienen historias y también las de mi corazón.
Estas cicatrices no se hicieron por ser pasiva y tener miedo, se hicieron porque a pesar del dolor que pude sentir en ese momento, valió la pena el riesgo que esos juegos que las causaron incluían, de las experiencias que conformaron esa etapa.
Las caídas eran parte de un todo, como las dos caras de una moneda. Son parte del riesgo que viene con la felicidad.
Y es que si estoy viva me voy a romper las rodillas y el corazón; y voy a llorar, me va a doler y me voy a quejar y luego tendré que que exponer esas heridas y verlas directamente para sanarlas y cuidarlas hasta que estén bien y vuelva todo a la normalidad; pero si simplemente las escondo y hago como que no las tengo no solo van a tardar más en sanar sino que van a sanar llenas de tierra, de suciedad.
Así es como decidí vivir mi vida. Porque amar y sufrir es a la larga la única forma de vivir con dignidad, de vivir de verdad.
Y es que la vida se respira, se siente, se prueba, se experimenta, se vive... Te golpean y te duele en serio; necesitas pausas de más de dos segundos para recuperarte.
Así viví mi niñez y así considero que es una manera digna de vivir mi vida como adulta.
Las cicatrices de mis rodillas tienen historias y también las de mi corazón.
Estas cicatrices no se hicieron por ser pasiva y tener miedo, se hicieron porque a pesar del dolor que pude sentir en ese momento, valió la pena el riesgo que esos juegos que las causaron incluían, de las experiencias que conformaron esa etapa.
Las caídas eran parte de un todo, como las dos caras de una moneda. Son parte del riesgo que viene con la felicidad.
Y es que si estoy viva me voy a romper las rodillas y el corazón; y voy a llorar, me va a doler y me voy a quejar y luego tendré que que exponer esas heridas y verlas directamente para sanarlas y cuidarlas hasta que estén bien y vuelva todo a la normalidad; pero si simplemente las escondo y hago como que no las tengo no solo van a tardar más en sanar sino que van a sanar llenas de tierra, de suciedad.
Así es como decidí vivir mi vida. Porque amar y sufrir es a la larga la única forma de vivir con dignidad, de vivir de verdad.

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